En esta sección encontrarás relatos un poco más extensos que en la página principal... según el ocio el relato. Si al leerlos de pronto crees que todo es ridículo y que sólo pasa en mi cabeza, creeme, la realidad supera la ficción.
Sunday, November 21, 2004
CUENTOS Y PESADILLAS AUTOBIOGRÁFICOS
Ensayo egocéntrico de promoción metamórfica
Mexico DF.
El cometido del día es elaborar una estrategia capaz de venderme a mi misma... necesito crear una idea lo suficientemente positiva de mi misma para poder promoverme. Me dedique un buen rato a metamorfosearme en todo lo que se me ocurrió con la ayuda de Gonzalo; en una mañana fui capaz de adquirir todas las formas y almas posibles, fui mueble, juguete, auto, fruta, animal y hasta dolor.
Hubo un tiempo en que solo podía pensar que era muy fea, ahora pienso que no soy fea pero no acabo de pensar que soy bonita, dicen que todo depende del cristal con que se mire; ahora delibero que no soy ni bonita ni fea, tal vez uno de estos días de terapia termine por verme solamente bonita.
Esto de la estética siempre ha sido un problema para mí y por lo que sé, también para muchos otros; entiendo son las ventajas y desventajas de ser diferentes. El resto de este texto no deliberará el sentido estético según los canones establecidos actualmente, se limitará a ser una narración egocéntrica sobre las diferentes formas de verme, es un ejercicio liberador de ideas que podrá hacernos reír, estar de acuerdo o en desacuerdo o mejor aún traer a la memoria de cada uno ideas nuevas que me ayuden a enriquecer el ejercicio.
Comenzaré por las ideas que tenía guardas en la memoria, la idea de ser una pera por la forma, delgadita de arriba y chundona de abajo, la idea de ser una osa por tierna, maternal y al mismo tiempo feroz y agresiva, o la idea de ser de color morado por la mezcla proporcional entre rojo y azul que da origen al mismo, provocando una sensación de equilibrio visual entre la calidez del rojo y la frialdad del azul.
Seguí indagando con todo lo que se me ocurría, le pregunte a Gonzalo qué sería si fuera esto o aquello, fuimos de utensilios de cocina hasta frutas, pasando por juguetes y animales.
Concluimos lo siguientes puntos: si fuera un juego sería un carrusel, por festiva, movilizada y cambiante, afirmó Gonz; a veces sería feroz como el león, otras libre como el ave o imponente y diferente como el elefante rosa que no puede faltar dentro de un carrusel, transformaciones que me facilitarían promoverme por mi versatilidad...
Si fuera un mueble sería una mesita de medio circulo, tres patas y una luna de espejo de esas que se recargan a una pared, el espejo me sirve para conocer a los demás, el medio circulo me diferencia de las otras mesas y me evita ser utilizada para cualquier actividad común, siendo mesa definitivamente me vendería por mi diferencia física, mi rareza utilitaria y mi capacidad de ornato.
Claro que en este mundo de distancias todo el mundo necesita un transporte, si fuera un auto yo diría que sería un auto amplio, confortable y práctico, podría venderme por mi línea clásica, entendiendo como clásica, la apreciación en las curvas del modelo, además de mis importantes cualidades prácticas, tal como lo hacen los autos de apellido VW., por supuesto sería un modelo de velocidades de esos que no cualquiera puede manejar.
Si fuera otro tipo de transporte Gonzalo me sugirió un ferrocarril, es un transporte en el que puedes experimentar muchas sensaciones, puedes comer, dormir, emborracharte y más... pero creo que no sería muy positivo seguir promoviéndome como objeto de placer tan directamente, así que seguiré la descripción de forma más sugerente, el ferrocarril es un medio tan antiguo, aclaro que con esto que no quiero hacer alusión en ningún momento a mi casi cuarto de siglo como gancho publicitario, sino a la añoranza, nostalgia y hasta sensualidad que se pueden encontrar en cada vagón.
Si fuera una película sería seguramente una comedia de humor negro teñida de algo de drama, tal vez cuyo escenario podría ser el metro, seguramente por la fascinación que este medio de transporte siempre ha despertado en mi, podría venderme al público como una caja de sensaciones en donde experimentaran lo que experimentaran siempre terminarían riendo con alguna de mis abstracciones sarcásticas de la realidad.
Retomando el cuerpo humano, si fuera un dedo de la mano, sería el dedo índice, me vendería por mi belleza indicativa y mi fuerza amenazante y retadora, en cambio si me tuviera que vender por partes, algo así como para anunciar productos de belleza, podría vender la ternura de mis ojos de borrego árabe, decubriendo mi ignorancia ante ustedes, ya que no se si tal especie existe en el planeta, también podría vender mi boca de beso, como etiquetas de “recorte y pegue donde desee”, pulpositos y bien dibujados, podrían ser un artículo de primera necesidad en cualquier hogar, como suplemento de cariño consumible en cada crisis.
Claro que no solo de lo positivo, bello y envidiable una puede hacer una campaña publicitaria, de lo malo una también puede extraer lo atractivo, por ejemplo, si yo fuera un dolor, sería definitivamente un dolor de cabeza, mi única competencia en intensidad y malestar podría ser un dolor de muela o un cólico menstrual pero considerando que el primero no se experimenta tan seguido y el segundo es exclusivo del genero femenino pues me atrevo a decir que el dolor de cabeza puede ser considerado el más exquisito de los dolores ya que se provoca por una sobrecarga de pensamientos o emociones que no pueden ser expresados en ninguna parte y que a su vez saturan el líquido vital en la cabeza, es un dolor tan agudo, penetrante y constante que se convierte en la envidia de cualquier otro dolor, yo diría que si los dolores pudieran tener un héroe este sería definitivamente el dolor de cabeza.
Y ya entrando de lleno en los aspectos oscuros de la sombra diría también que si fuera una grosería sería definitivamente la madre de todas las groserías, seria la maravillosa fusión entre la maternidad y la obscenidad, sería una sonora mentada de madre, es la grosería más conocida, más utilizada y sobre todo la más temida por todos; no hay quien deje pasar por alto una mentada de madre, llama la atención de quien la escucha y sobretodo de quien la recibe, además de que obliga invariablemente al otro a utilizar su ingenio en elaborar una respuesta lo suficientemente competitiva.
Si fuera un arma, sería un arma blanca, una por que me gusta el título y además corresponde a mi tez, y además porque no son ruidosas ni encochinan, no sueltan pólvora y la herida es más estética que la que pueden hacer otro tipo de armas; además nadie se mata por accidente limpiándolas, hay que estar seguro de querer utilizarlas para que sean mortales. Son filosas, limpias, directas y sobretodo mortales.
Pensar en una deidad, me fue imposible, mi autoestima todavía no se libera tanto, además me costo mucho trabajo conciliarme con Isis como para traicionarla a estas alturas, cuando le pregunté a Gonzalo me dijo firmemente que sería Cibeles, madre de todos los Dioses; lo que no supe fue si por maternal o por cabrona.... así que como deidad sólo podría promoverme utilizando la fama buena y mala de Cibeles o retomando orgullosamente el nombre que por venia de mis progenitores adorna todos mis documentos personales.
Por último si tuviera que elegir entre ser un hada o una bruja terminaría por decir que me vendería como un hada bien bruja que si fuera letra sería una I....
Thursday, November 11, 2004
Extinto Chapulín
Para mi madre no fue necesario verte caer para saber que la relación fracasaría, no se exactamente si lo que sintió en ese momento fue un alivio profundo de saber desde entonces que no serías el padre de mis vástagos o al contrario un miedo pavoroso a que yo no me diera cuenta a tiempo de que los chapulines no se casan con las pingüinas…
De niña una vez leí que entre los pingüinos es tan difícil saber el sexo que hasta ellos mismos pueden llegar a confundirse y cortejar a su mismo sexo en una primera impresión; mira si yo andaba miope, que ingenuamente llegué a creer que de un chapulín podía sacar un pingüino.
Cuando los pingüinos se cortejan se tiran guijarros a los pies y una vez que forman una pareja comparten las responsabilidades equitativamente desde la incubación del huevo, en cambio los chapulines…. Bueno, la verdad es que no se un carajo sobre los chapulines porque nunca me ha gustado mucho tenerlos cerca…
En la primaria un absurdo maestro de ecología nos obligaba a coleccionarlos. Durante una excursión al bosque nos ordenó recolectarlos para después terminar asándolos vivos; aun recuerdo la impresión terrible que me causó escuchar a los animalillos estrellarse con la tapadera de la cazuela, no era necesario preguntar cuando estarían listos, simplemente había que ser pacientes y esperar a que la cazuela se silenciara. Una vez cocinados los insectos había que quitarles las patitas traseras y darles un buen mordisco… mordisco que a mi no fue capaz de obligarme a realizar, me declaré incompetente, vegetariana y subversiva pero no realice tal acto, ya era suficiente con la culpa de haberlos capturado durante el camino para que mis sádicos compañeritos de primaria los deglutaran en el almuerzo…
Regresando a nuestro asunto, debe de ser por eso que no se nada de las costumbres de los otros chapulines… recuerdo que tú no me tiraste guijarritos, tampoco me diste flores, simplemente me llamaste por teléfono y me invitaste al cine a ver una película horrible y después a un funeral; aquella tarde me pareció excelente, ahora recuerdo con claridad que todo fue absurdo…
La película era de esas en donde el guionista se ensaña terriblemente con la protagonista; una rubia que sufre horrores porque pasa de ser una atea neoyorquina a una víctima de los estigmas de Cristo a veinticuatro cuadros por segundo. Después del par de horas estresantes salimos del cine y nos metimos en una situación aun más absurda, fuimos al funeral del abuelo de tu mejor amigo, lo extraño no era el funeral sino la historia que recorría los pasillos; el abuelo ya estaba en el féretro pero le faltaban las piernas y así pues ni como colgar los tenis ¿verdad?
Uno puede morirse poco a poco y por partes y esto fue literalmente lo que le pasó al abuelo, víctima del miedo perdió las piernas unos años antes, estas fueron incineradas y guardadas, hecho que los hijos omitieron el día del funerla olvidando las piernas del abuelo en su casa.
Al final, después de dos horas de angustiosos estigmas y un abuelo sin la capacidad literal de poder estirar la pata, salimos de la funeraria y bajo las tétricas luces de la funeraria abordaste mi lado cardiaco, acto que sinceramente me pareció tan halagador que me permitió omitir la cantidad de hechos tragicómicos que nos llevaron esa noche y los casi tres años siguientes a estar juntos y es que parecía que ni los estigmas ni el abuelo podían impedirme la ilusión de tener un novio, mucho menos tus aspiraciones a ser un insecto colorado; algo se me ocurriría para sobrellevar las diferencias de género.
Al principio decretaste la idea del chapulín, unos meses más tarde la cotidianeidad nos metió en una pecera chiquita, tú insistías con el rojo y yo comencé a perder mi coloratura natural; los pocos y líquidos centímetros cúbicos de la pecera nos fueron obligando a dar las mismas vueltas dentro del refractario y es que eso de ser un pez de tan pocas dimensiones no nos dejaba muchas opciones, mismos horarios, misma comida, mismo espacio, mismo todo… fue aquí en donde cada uno se olvidó de si mismo…
La pecera ofrecía una vista tranquila y predecible, eso a ti te encantaba, así el agua ahogaría cualquier indicio de pasión que pudiera aparecer entre mis escamas. Siempre me explicaste como inevitable y certero el hecho de que te habías dado cuenta de que estabas en el momento de tu vida en el que excluirías el elemento sensualidad de tu existencia…
¿Y yo?, ¿también tenía que excluirlo?, ¡por supuesto que no!, todavía era tiempo de exigir la evolución y la sensualidad, nadé hasta el fondo de la pecera para tomar impulso, agité mis aletas y salí de un salto del refractario, me di un buen golpe en el piso pero decididamente recobré la sensualidad de mi esencia humana, me miraste atónito desde el refractario y decidiste contradecir tus ideales y seguirme… hasta el día de hoy no se si fue un simple acto de imitación o de verdad había algo en ti que te decía que merecía la pena intentarlo, nadaste hasta las piedras del fondo para tomar el impulso suficiente y repetir mi atrevimiento, pero creo que fue justo cuando ibas dejando la superficie líquida que titubeaste en el salto y cuando caíste en el piso tus largas y coloradas patas de chapulín te hicieron seguir saltando. A pesar de la diferencia genérica permanecimos juntos.
Después de un tiempo lograste que me tragara el cuento de que era mejor vivir la vida desde la perspectiva de un colorado insecto, intenté ser algo parecido pero no pude identificarme con ninguno y es que esos animalitos comen y duermen en cualquier parte del jardín y tú sabes que a mi siempre me han gustado las camas grandes y las buenas cenas…
Cuando nos dimos cuenta yo había estirado tanto para que aprendieras a disfrutar de las comodidades de la vida moderna y consumista sin sentirte culpable que al final te volviste adicto. Nunca terminaste aceptando por completo que ese mundo te encantaba, optaste por vivir en él, pero siempre defendiendo tu perspectiva de insecto, yo en cambio nunca pude asimilar el lado campestre; intenté explicarte que desde que respiré el oxigeno de este mundo me enseñaron que uno pertenece a la especie en la que nace y es ahí donde hay que dar lo mejor de si... buscar identidades más coloridas o ágiles para negar la propia es inútil, el resultado terminará siendo ridículo y desastroso.
En uno de los intentos de conciliar las diferencias genéricas encontré una Catarina con la que simpaticé, pero al final me di cuenta que era demasiado chiquita para almacenar todo lo que yo quería conmigo… entre tus saltos y mis deseos la brecha era cada vez más grande, seguías exasperándome con el argumento de que era mejor ser un gracioso insectillo que una humana con antojos…
Lo intentamos… por ocio, por costumbre o por orgullo pero lo intentamos durante casi tres años, habrá sido la inexperiencia o la terquedad de ambos pero nos llevó todo ese tiempo darnos cuenta que aquel día en el cine y en el funeral la vida nos había dado las claves para adivinar que un chapulín y una pingüina jamás podrían conciliar sus diferencias…
Si hubiéramos entendido que el aprendizaje de nuestra relación estaba implícito en los primero tres meses no habríamos intentado cambiarnos, así como el abuelo no podía partir al otro mundo sin sus piernas, nosotros no seríamos capaces de avanzar más allá de la pecera…
Ambos lo sabíamos y a pesar de eso lo ignorábamos. Reconozco que fuiste tú el primero en despedirse, de un salto abriste tu frágiles alitas de chapulín y me pediste que te abriera la ventan del balcón para volar sólo, por un momento estuve a punto de olvidarme de mis cosas y retomar la Catarina para seguir con lo mismo…
Decidido te dirigiste hacia la ventana para seguir saltando por el patio. No me acuerdo exactamente, pero creo que fue entre tu tercer y cuarto salto que recordé el hecho de que tus hiperactivos saltos me alteraban… además fue inevitable el hecho de traer de nuevo a mi memoria la cazuela del maestro ecologista repleta de tus iguales incapaces de escapar a su destino y a las mórbidas mandíbulas de mis compañeritos…
Al fin caí en cuenta que las alas que siempre me presumiste como principio de libertad, sólo eran útiles y capaces de impresionar en caída libre, cuando realmente ya no había mucho que hacer más que amortiguar el golpe, en realidad no eran alas para volar sino para suavizar la caída, con maravillosos colores pero incapaces de hacerte emprender el vuelo…
Una vez que aterrizaste te vi desde la ventana, volteaste orgulloso de tu género y esperaste como siempre a que yo lo intentara de nuevo, pero esta vez no habría un ridículo más, esta vez tenías absoluta razón y habría que despedirse…
Permanecí en mi balcón mientras tus saltos cada vez eran más torpes, cuando no fui capaz de justificar el espectáculo de verte abriendo y cerrando los colores de tus alas me alejé del balcón y me di tiempo de reconocerme como humana… me tardé un tiempo pero al final tuve suerte, aun quedaban rastros suficientes para la reconstrucción.
Desde entonces nos hemos visto poco; tú sigues orgulloso de tu colorada e insecta identidad, yo por si las dudas y para no olvidarlo cargo una cazuela como la del maestro ecologista, no debo dejar de lado que no tengo cualidades de entomóloga… los insectos me exasperan y las peceras sólo me gustan desde afuera…
Invitación a la boda
Las niñas excéntricas también nos casamos



